¿Te recuerdas siendo niño? ¿Recuerdas la emoción que sentías cuando imaginabas en el adulto que te convertirías? ¿Sigues conservando a tu niño interior?
Conservarlo significa que no has perdido las virtudes propias de la infancia como la inocencia, la capacidad de asombro, la espontaneidad y el entusiasmo de vivir cada momento.

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